Huidas hacia adelante. (en tres viajes)
Amaya (Primer viaje) Fue un septiembre más frío de lo ordinario. Un xirimiri pertinaz, que entraba directo desde el mar, hacía aún más incómodo el presenciar aquel enterramiento. Hacía una semana que había salido de las tórridas planicies de Anantapur, en donde estaba ejerciendo de voluntario, y entre la humedad que me estaba penetrando hasta los huesos y la tensión que se palpaba en aquella ceremonia, helada de por sí, no era capaz de controlar la tiritona. Por otra parte, nadie entendía lo que había sucedido. Dos días antes habíamos sido convocados a la celebración de una boda y ahora estábamos enterrando a Amaia, la novia, en el panteón que su familia tiene en el cementerio de Bermeo, de donde son originarios sus antepasados. Solamente se escuchaba la voz monótona del cura, acompañada de un coro de lloros contenidos a duras penas. Todos mirábamos al suelo o hacia los panteones de alrededor, como queriend...