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Nekane

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  Al entrar al bar la vi sentada en un taburete apoyada en la barra tomando un café.   Habían pasado unos cuantos años desde que la vi por última vez, yo ya estaba jubilado, pero aún así la reconocí de inmediato. Había ganado unos kilos más, había cambiado el peinado y su vestimenta no tenía nada que ver con la que conseguía en el ropero de Cáritas. No me pude resistir y me quedé mirándola descaradamente. Ella me mantuvo la mirada y me respondió con una sonrisa entre burlona y desafiante, como queriéndome decir “yo también te conozco y ya no tengo que rendirte cuentas”. Estaba junto a un hombre bastante más mayor que ella. Era corpulento, de mediana estatura y con un bigote espeso. Por sus rasgos faciales y el color de su piel se veía que era sudamericano. Al observar nuestras miradas le pasó el brazo por el hombro   para dejarme bien clarito que ella era posesión exclusiva de él. Desde luego, su catadura no era nada tranquilizadora, su indumentaria dejaba traslucir una p...

¡Qué bonito era mi barrio!

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  QUÉ BONITO ERA MI BARRIO   Este es el solar donde estuvo mi casa Yo nací en la misma casa en la que pasé mi infancia. Entonces no había hospitales para los nacimientos –al menos en los barrios obreros que yo sepa- y las matronas acudían a los domicilios. Mi casa estaba en medio de un barrio de casitas unifamiliares adosadas con jardín delantero y patio interior trasero, compartido por el resto de casitas de la propia fila y la de enfrente, al estilo inglés. Esto favorecía la relación entre los vecinos y para los niños suponía todo un espacio de puertas abiertas. La casa era distinta a todas las demás. Yo podía entrar y salir por las casas de mis amigos, pero ellos no podían entrar en la mía. Se trataba de un caserío pequeño de cuatro vertientes en el tejado, al estilo de las Encartaciones. Una cooperativa obrera de principios del siglo XX, La Familiar, había comprado los terrenos de esa propiedad para edificar las casas. Había mantenido el caserío de los dueños para que ...

Hijos del desastre

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 MI PRIMER HOGAR ( ALGUNAS EXPERIENCIAS INOLVIDABLES) Hay niños que odian y a los que nadie quiere,  pero siempre hay alguien dispuesto a quererles. Encontrar a éstos es su única esperanza. - Y ¿Qué es de O, aquel chaval que llevaste al taller de Santurce para que  aprendiera algo de electricidad? Me caía muy bien. José Antonio y yo íbamos camino de Quintanilla para hacer un arreglo en el tejado. El nos había vendido la casa y, daba la casualidad de que fue alumno mío en Santurce, pero de los aventajados que sacaron la FP2. Ahora tiene una empresa de refrigeración. -Murió hace 7 años -le contesté-. - No me digas. Me dejas de piedra, pero si era un crío. -Ya ves, el sida no perdona, sobre todo cuando te estás metiendo de todo y no llevas una vida sana. -Qué pena me da. Yo le cogí mucho cariño y me dio la sensación de ser un chaval, por lo que nos decía, que tenía las cosas claras. Hasta se había echado una novieta, ¿no? -Si por hablar fuera, parecía el sabio Salo...

LA SENTENCIA

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  LA SENTENCIA Basado en historias reales Ya no sabía qué hacer con aquel endiablado caso que le habían encomendado en el despacho. Como no había podido decir que no, Lucas se lo tenía que comer con patatas. Desesperado se puso a rastrear casos especiales de sentencias absolutorias extrañas. Para su asombro se encontró con una reseña periodística datada nada menos que en 1920. Se dio en un juzgado de las Merindades burgalesas. Al parecer una vecina había sumergido a otra en el pozo contiguo a la vivienda de ésta hasta que consiguió que falleciera. El juez de turno la declaró, fuera de todo pronóstico, inocente, lo que provocó una ruidosa aprobación por parte del público asistente, formado en su mayoría por vecinos de su población. El magistrado alegó en su favor, que los hechos se produjeron en un estado de enajenación mental transitoria de la acusada, por lo que no fue consciente de lo que había hecho. Aquello resultaba más que chocante tanto por la sentencia en sí, como por l...