Entradas

Adela

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  Había salido de ver una película. En la entrada se habían formado los típicos grupos de cuadrillas o de familiares que han ido juntos despidiéndose o quedando para tomar algo. Joni estaba con su mujer saludando a una pareja de conocidos, cuando oyó que le llamaban por su nombre completo “Juan Ignacio”. Se volvió extrañado, porque ya nadie le llama así, excepto algún familiar de los mayores o alguna persona que hubiese coincidido en su trayectoria laboral. Se volvió y se encontró cara a cara con Adela que estaba a punto de echársele encima luciendo una sonrisa radiante. No le dio tiempo a reaccionar y se fundieron en un abrazo efusivo, rematado con dos sonoros besos, que no tenían nada que ver con esos roces en las mejillas que se dan a modo de saludo. Se quedaron con la mirada clavada en los ojos y con una sonrisa que sellaba la amistad y la complicidad que habían compartido en su juventud. Él se perdió en la profundidad de aquellos ojos verdes, que mantenían la viveza y la lumin...

JONE (Huidas hacia adelante 4ª)

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  JONE Aquella noche no esperaba ya a nadie. Quiso tomar algo y hundirse en la cama para olvidar hasta de que existía. Pero le dio un sobresalto. Sí precisamente aquella noche sonó el teléfono. Ni siquiera miró el número reflejado en su pantalla. No creía que nadie se iba a acordar de ella y prefirió suponer que alguien se había equivocado al marcar. Después de que le hubieran puesto de patitas en la calle en el trabajo no estaba para nadie, y menos si se trataba de algún familiar. Dejó sonar esperando que quien fuera que llamara se cansase y colgara. En efecto, se colgó, pero para su fastidio volvió a sonar impertinente y esta vez sí insistió hasta que saltó el contestador automático: “Hola, espero que éste siga siendo el número de Jone Olabarri. Soy Wilian Jesús Goenaga. Deseo contactar con usted…” Jone dio un salto como movida por un resorte que le hizo olvidar su postración y marcó la llamada sin dejar que terminara la frase. —Josu –algo se le atragantó en la garganta al ...

Nekane

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  Al entrar al bar la vi sentada en un taburete apoyada en la barra tomando un café.   Habían pasado unos cuantos años desde que la vi por última vez, yo ya estaba jubilado, pero aún así la reconocí de inmediato. Había ganado unos kilos más, había cambiado el peinado y su vestimenta no tenía nada que ver con la que conseguía en el ropero de Cáritas. No me pude resistir y me quedé mirándola descaradamente. Ella me mantuvo la mirada y me respondió con una sonrisa entre burlona y desafiante, como queriéndome decir “yo también te conozco y ya no tengo que rendirte cuentas”. Estaba junto a un hombre bastante más mayor que ella. Era corpulento, de mediana estatura y con un bigote espeso. Por sus rasgos faciales y el color de su piel se veía que era sudamericano. Al observar nuestras miradas le pasó el brazo por el hombro   para dejarme bien clarito que ella era posesión exclusiva de él. Desde luego, su catadura no era nada tranquilizadora, su indumentaria dejaba traslucir una p...

¡Qué bonito era mi barrio!

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  QUÉ BONITO ERA MI BARRIO   Este es el solar donde estuvo mi casa Yo nací en la misma casa en la que pasé mi infancia. Entonces no había hospitales para los nacimientos –al menos en los barrios obreros que yo sepa- y las matronas acudían a los domicilios. Mi casa estaba en medio de un barrio de casitas unifamiliares adosadas con jardín delantero y patio interior trasero, compartido por el resto de casitas de la propia fila y la de enfrente, al estilo inglés. Esto favorecía la relación entre los vecinos y para los niños suponía todo un espacio de puertas abiertas. La casa era distinta a todas las demás. Yo podía entrar y salir por las casas de mis amigos, pero ellos no podían entrar en la mía. Se trataba de un caserío pequeño de cuatro vertientes en el tejado, al estilo de las Encartaciones. Una cooperativa obrera de principios del siglo XX, La Familiar, había comprado los terrenos de esa propiedad para edificar las casas. Había mantenido el caserío de los dueños para que ...