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LA SENTENCIA

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  LA SENTENCIA Basado en historias reales Ya no sabía qué hacer con aquel endiablado caso que le habían encomendado en el despacho. Como no había podido decir que no, Lucas se lo tenía que comer con patatas. Desesperado se puso a rastrear casos especiales de sentencias absolutorias extrañas. Para su asombro se encontró con una reseña periodística datada nada menos que en 1920. Se dio en un juzgado de las Merindades burgalesas. Al parecer una vecina había sumergido a otra en el pozo contiguo a la vivienda de ésta hasta que consiguió que falleciera. El juez de turno la declaró, fuera de todo pronóstico, inocente, lo que provocó una ruidosa aprobación por parte del público asistente, formado en su mayoría por vecinos de su población. El magistrado alegó en su favor, que los hechos se produjeron en un estado de enajenación mental transitoria de la acusada, por lo que no fue consciente de lo que había hecho. Aquello resultaba más que chocante tanto por la sentencia en sí, como por l...

Memorias

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MI PRIMERA COMUNIÓN D. Segundo era el típico maestro fiel hasta los tuétanos al régimen del nacionalcatolicismo. Llevaba un porte decimonónico, siempre vestido de traje y con cierto tufillo a rancio. Era espigado y alto, al menos eso nos parecía a nuestra corta edad, con pelo cano pero entero, solo amenazado con unas ligeras entradas. Llevaba unos cristales de culo de botella colgados de unas patillas de alambres que figuraban como gafas. Usaba bastón por seguridad suya, pero para inseguridad nuestra pues al mínimo error o salida de tono podía medir nuestras espaldas, cabezas o aquella parte que primero alcanzara. De todos modos, su arma más temida era la regla de cuadradillo con la que nos afinaba las yemas de los dedos. A parte de exigir orden y disciplina y de tenernos haciendo caligrafía, no creo que nos enseñara mucho más. Todo lo demás eran soflamas y discursos que nos martilleaban los tímpanos con   su potente voz de pito: Dios, Franco, el pecado, la obediencia, los ...

Un día inolvidable

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18 de junio de 1976. Me levanté como todos los días pero una vez más no iba a ir al tajo. Seguíamos en pie de guerra. La patronal aún no se había sentado a la mesa, acostumbrada como estaba a columpiarse con el sindicato vertical, y había que seguir apretando para que nos tomasen en serio. Había pasado la primera semana de huelga general en el sector de la construcción de Bizkaia. Aún quedaban algunas zonas a las que no se había podido llegar para paralizarlas. Era necesario conseguir el paro total para que no les quedase más remedio que admitir que éramos los únicos interlocutores de los obreros de la construcción. En la reunión clandestina de delegados del fin de semana nos habíamos organizado para montar piquetes informativos y a mí me habían tocado controlar los dos únicos sitios de la capital donde se seguía trabajando. Habíamos convocado a los voluntarios en la parroquia de S. Francisquito. El párroco nos cedía algunos locales para nuestras reuniones, pero esta vez no hic...

Huidas hacia adelante (en tres viajes) (3º)

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Wiliam Jesús ( tercer viaje) Había llevado unas flores para poner en la urna. Carlota se quedó un momento conmocionada mirando la inscripción, como si el releer el nombre de su   marido le pudiera posibilitar hablar con él. No le gustaba eso que se veía en las películas de hablar con las lápidas, pero esta ocasión era especial. Cómo le hubiera gustado poder estar presente en la boda de su hijo con una vasquita oriunda de su Zeberio natal. A decir verdad, se sentía constreñida en ese pueblo, aunque gozara de un paisaje precioso entre cumbres, bosques, prados y unos caseríos impresionantes. Cumplió a rajatabla la voluntad de Alberto de ser enterrado aquí. Ahora al ver a su hijo perfectamente situado como uno más de los Goenaga, se le antojaba que las cenizas del padre habían sido las semillas que habían hecho germinar el futuro del hijo. Le había costado mucho entender a la gente de aquí, aunque vivió bastantes años en Bilbao. Estaba claro que de aquí le venía a Alberto el ser...