¿En qué mundo viven?


Ahora es el tema de la vivienda, antes fueron otros temas candentes, pero siempre resulta que parece que los partidos políticos no les interesan los problemas de la gente, mejor dicho, no le interesa el sufrimiento de la gente afectada por dichos problemas. La lucha contra los desahucios viene de largo pero ha llegado a un punto de hirvición que la tapadera de la olla ya no ha resistido la presión y ha estallado. El gobierno ha improvisado unos decretos que no pretendían arreglar el asunto en su totalidad por ser una tarea imposible, pero sí daba un respiro a los ciudadanos amenazados por los que hacen de la vivienda su negocio particular, al mismo tiempo que se preparan soluciones de calado que necesitan un plazo más largo de elaboración, supongo.

Lógicamente la derecha ha salido en tromba para tirarlos a la papelera. No importan las movilizaciones ciudadanas, no importa el daño que se está haciendo a la gente joven que es incapaz de pagarse un alquiler con los sueldos que se están pagando, no importan las familias que acaban en la calle, ni la gente mayor que llevan un porrón de años en una vivienda... importan los negocios de los suyos, de los propietarios, de los fondos y de esa gente que forma sus partidos. Ahí tenemos al señor Feijoo refocilándose con el fracaso del gobierno y retando al presidente a que convoque elecciones, que ellos ya están preparados -claro llevan unos cuantos años pidiéndolas-y no se le ha movido un pelo aceptando la ayuda imprescindible de aquellos que más odian -después de Bildu- por enemigos de la patria y beneficiarios de una amnistía que se les ha atragantado desde su principio. 


Cuando han tenido que dar cuenta de los motivos de su negativa, solo se han dedicado a repetir su eterno discurso: que el gobierno es tal y cual, que si es corrupto, que si su mujer, su suegro... y que convoque elecciones, que hablen los ciudadanos... Esa es la respuesta que están dando al clamor de la gente que pide un control sobre los precios de la vivienda o de los alquileres, que no prevalezca el negocio sobre las necesidades básicas de la persona humana. Se está estrangulando a una cantidad preocupante de jóvenes que no pueden asegurarse un futuro propio, ni formar una familia propia, fuera de poder seguir viviendo refugiados con sus padres, con un poco de suerte. De remate, tampoco les va a preocupar la repercusión que estas negativas puedan tener en el descenso de número de nacimientos. Y para poner la guinda al problema, habrá que echar a todos los emigrantes que, casualmente son los que más hijos aportan y más trabajos mal remunerados sobrellevan.


Esa es otra. La única cuestión que le preocupa a la reinona de Madrid es que le quiten esa chusma indecente de su plaza y se ha plantado en los tribunales, que ésos sí que le hacen caso, para obligar al gobierno, a través de su delegado, a barrer esa escoria sucia y ruidosa del sitio más emblemático de su territorio, que le molestan mucho y que retrae el turismo. Parece que no se ha parado a pensar que esos son parte de los ciudadanos a los que se ha prestado a servir desde su cargo y que ella misma con su gobierno tienen no pocas responsabilidades en el tema de la vivienda, que, por lo que se ve, les importan un pimiento.

A todo esto las izquierdas a lo suyo en plan cainista: que si esto es poco, que con quien voy a ir, que si manos tendidas, que si altura de miras y todos esos tópicos, que no hacen más que repetir, mientras se miden para ver quién va a asegurarse una mejor pitanza a la hora de las elecciones. Tanto unos como otros tendrán que darse cuenta todos los políticos de que se han instalado en otra dimensión espacial lejos del mundo real con las alegrías y los sufrimientos en el día a día de los y las de carne y hueso. ¡País!!!

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